Cuando el polideportivo deja de ser un polideportivo
Hace apenas unas semanas, miles de personas tuvieron que abandonar sus hogares en cuestión de horas. Los incendios forestales que azotaron España dejaron más de 330.000 personas evacuadas, muchas de las cuales encontraron refugio en un lugar que, hasta ese momento, solo asociaban al deporte.
La inmensa pista azul del pabellón municipal de Espartales dejó durante unos días de ser un espacio deportivo para convertirse en un refugio improvisado. El alcalde de Talavera de la Reina supervisaba la instalación de camas en el pabellón ‘Sandra Sánchez. Primero de Mayo’. Cientos de evacuados pasaron la noche en varios polideportivos habilitados en toda la región madrileña.
Lo que ocurrió en esos días no fue improvisación. Fue gestión.
Una infraestructura al servicio de la ciudadanía
Los polideportivos municipales reúnen unas condiciones que los hacen especialmente valiosos en emergencias: grandes espacios cubiertos, vestuarios, suministro eléctrico, climatización y una estructura organizativa que permite adaptarlos rápidamente. Son la infraestructura pública más versátil con la que cuenta un municipio.
Pero la transformación de un pabellón en centro de acogida no se produce sola. Requiere decisiones rápidas, coordinación con Protección Civil, reorganización del personal y atención a cientos de personas en situación de vulnerabilidad. Todo ello en cuestión de horas.
Nada más acceder al pabellón, voluntarios de Protección Civil y trabajadores municipales organizaron la filiación por unidades familiares, evaluaron las necesidades de cada persona y distribuyeron los espacios de alojamiento. Detrás de esa respuesta hay profesionales de la gestión deportiva cuyo trabajo habitualmente no aparece en los titulares.
El papel invisible de la gestión
Este episodio vuelve a poner sobre la mesa algo que en Nexus llevamos tiempo defendiendo: la gestión deportiva no es un servicio auxiliar. Es una pieza estructural del sistema.
Cuando una instalación puede convertirse en centro de evacuación en pocas horas, es porque alguien la ha mantenido en condiciones. Porque hay protocolos de actuación. Porque existe un equipo capaz de responder bajo presión. Porque la estructura funciona aunque las circunstancias sean extraordinarias.
No es diferente de lo que ocurre en la gestión cotidiana de un club: la diferencia entre una entidad que responde bien ante un imprevisto y una que colapsa no está en la suerte. Está en la estructura que hay detrás.
Una lección que se repite
No es la primera vez. Durante la pandemia, muchos polideportivos se transformaron en hospitales de campaña o centros de vacunación. Los incendios de este verano repiten el patrón: cuando la sociedad necesita respuesta urgente, estas instalaciones están ahí.
La pregunta que deberían hacerse los gestores y responsables municipales no es si sus instalaciones podrían asumir este papel. Es si están preparadas para hacerlo.
Tener protocolos de emergencia, mantener la documentación al día y contar con una estructura de gestión eficiente no son lujos administrativos. Son la diferencia entre responder y no responder cuando la situación lo exige.
Más allá del juego
En Nexus trabajamos para que las entidades deportivas tengan la estructura que necesitan en los momentos ordinarios y en los extraordinarios.
Porque el deporte, bien gestionado, sirve a la comunidad mucho más allá del marcador.
Fuente: FAGDE — Federación de Asociaciones de Gestión del Deporte de España.
